La mujer de las agujas

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Cuando pensaba que los imanes no podían superar ninguna terapia, llegaron las agujas de acupuntura. A mi terapeuta no se le ocurrió mejor instrumento de tortura para activar mi sistema nervioso y acabar de una vez con la maldita infección, un poco ya a la desesperada porque la cosa empezaba a torcerse, recaía continuamente, estaba cuatro días bien y siete mal, y luego era un día mal y otro bien y después ya no me acordaba el día que había estado bien, la verdad; quizá una hora al día no sentía molestias y era como un milagro. Me sentía seca por dentro, como si el maldito ventilador de Beyonce se me hubiera metido en la vagina en pleno videoclip.

Escanear_37Así que probé con la acupuntura, mucho más dolorosa y aparatosa, menos estética y dibujable, no me caían bien esas agujas estériles tan finas y tan puñeteras, sobre todo las clavadas en el ceño o en los laterales del dedo gordo, ay!

Salía de la terapia cabreada, de mal humor y con el ceño aún más fruncido de lo que suelo llevarlo, la cosa no funcionaba y yo cada vez me ponía más triste.

Escanear_42El problema es que cuando empezaba a mejorar tuve una recaída grande; mi viaje al fin del mundo programado con un año de antelación no fue todo lo guay que tenía que ser, tuve que lidiar con ciertos conflictos que desbarataron todo el trabajo que se había pegado mi terapeuta y ahí fue cuando me di cuenta que el problema no solo provenía de mi vagina, ese era el origen, pero había subido y escarbado como un gusano de arroz hasta mi cabeza y había aposentado su sucio culo gordo en mi glándula de los sentimientos. Ahí estaba el tío, alimentándose de mis miedos, mis nervios, mis inseguridades, mi soledad y mi tristeza, acurrucado en la grieta más grande de mi corazón. Ahí mi terapeuta, todo delicadeza y sensatez me tuvo que confesar que no podía llegar con los imanes, ni con los imanes, ni con la acupuntura ni con ninguna terapia natural, eso solo podía curarlo yo.

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Y eso que lo probamos todo, incluso el yogur (la peor experiencia de mi vida). Nunca había asistido a una batalla tan campal entre bacterias y aunque mi terapeuta insistía en que eso era bueno, quería decir que funcionaba porque las bacterias buenas estaban luchando, a mi no me convencía tener esa guerra civil en mi vagina.

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Escanear_43Mi estado anímico no era el mejor, vivía una temporada de esas oscuras y tristes en las que parece que nada se te da bien y no quieres molestar a nadie, pensé que quizás el problema era estar tan pendiente de mi cuerpo, de los brotes de mi vagina, dejé de escucharme tanto y empecé a mentir a mi terapeuta y con ello, a mi misma.

– ¿Cómo estás hoy?

– Estoy perfecta, divina de la muerte.

– ¿Estás segura? Has pasado de un extremo al otro, no es que sea la mejor estrategia.

(Bueno, esto último no me lo dijo nunca, pero estoy segura de que lo pensaba).

Así que después de más de medio año de terapias naturales, decidí cambiar otra vez de estrategia, incluso mi terapeuta, él siempre tan majo y sincero me dijo que quizás podía volver a consultar a un ginecólogo, pero a ver dónde encontraba yo un gine que me arropara con la manta y me preguntara cómo me sentía… iba a ser difícil.

Nos despedimos, con pena, le dije adiós a los imanes, a las agujas en los dedos, a la camilla de espuma y la manta polar que me hacía sentir en casa, pero de lo que no me despedí fue de la fuerza magnética, del más y del menos y seguí adelante intentando levantarme todos los días con una sonrisa de oreja a oreja para ver si el mundo se enteraba de una vez que ya había aprendido la lección y ya era hora de una buena temporadita.

Al final el tío me escuchó…y todo cambió, pero eso será en otro capítulo, claro.

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La niña imantada

Escanear_25Cuando tu salud sigue jugando malas pasadas y ya estás bastante desesperada, sueles buscar alternativas. Después de mucho indagar, investigar y por fin, dejarme aconsejar (cosa que normalmente no hago) me arriesgué a probar con la medicina natural. Me aconsejaron probar a hacer una terapia con imanes y me sonó tan extraño y divertido que me aventuré a ello, como siempre, a lo valiente.

Con las probabilidades que tenía, dada mi reciente mala suerte, podía caer en el lugar más chungo del planeta, lleno de gente charlatana y personajes místicos de los que te calientan la cabeza y te vacían el bolsillo, pero al contrario, no fue nada mal, por fin encontré a un profesional con ganas de escuchar mi historia y, sobre todo, de no juzgarme. Por fin había encontrado lo que necesitaba, alguien que hiciera un esfuerzo por mejorar mi salud y me diera una solución a mi problemilla.

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Mi infección bacteriana era el perfecto desequilibrio iónico, que suena a biónico pero nada que ver, si fuera biónica otro gallo cantaría. Total… que mi vagina estaba a rebosar de microorganismos cargándose toda fauna y flora. Así que mi terapeuta, super motivado con mi gran desequilibrio general, me habló del biomagnetismo y de su obra y milagros en el mundo de los bajos femeninos.

La verdad es que llegué a la consulta sin muchas expectativas y nada informada sobre el método de los imanes, no sabía ni qué forma tenían y no lo supe hasta muchas sesiones más tarde, cuando rompí el hielo pidiendo una foto a mi terapeuta de las pintas que tenía tumbada en la camilla. Este fue el resultado:

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Antes de tumbarme en la camilla debía enseñar la lengua y mis muñecas para saber cómo iba la infección y mi equilibrio, el tema de enseñar la lengua no mola nada.
Antes de abrir la boca y enseñar la lengua, lo primero que te viene a la cabeza es ¿qué es lo que acabo de comer?, ¿cómo olerá mi aliento? y ¿tendré algún tropezón extra?

Después de eso, me tumbaba en la camilla vestida y mi terapeuta iba colocando sobre mi cuerpo imanes de diferentes tamaños y formas, luego me arropaba con una mantita verde polar monísima… en ese momento solo le faltaba un besito de buenas noches y el cuento antes de apagar la luz. No había cuento pero soñaba mucho en esos 30 minutos. Eso sí, antes de apagar la luz y salir de la habitación, se giraba y me recordaba que la podía llamar si se me caía algún imán al hacer un leve movimiento. Nunca lo hice, antes muerta que gritar como una energúmena y romper con ese maravilloso momento de felicidad.

No sabéis lo bien que me sentía debajo de esa mantita, la camilla acolchadita y la luz cerrada, con el rumor leve de otros pacientes en la habitación contigua y la tranquilidad de que te están y te estás cuidando. 30 minutos de siesta con babita incluida que me dejaban como nueva, no sé si me ayudaron más los imanes o las siestas reparadoras de esos meses. Me sentía bien porque tenía esperanza y confiaba en mi terapeuta.

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Así que mi relación con los imanes empezó a funcionar, mejoraba muy poco a poco, la infección iba desapareciendo y solo quedaba un gran vacío que tenía que poblarse de nuevas bacterias buenas para poder volver a funcionar como siempre. Amaba los imanes, el ritual de ponerlos sobre mi cuerpo, el momento de quedarme tan quieta que aveces me olvidaba respirar, la voz sosegada y relajante de mi terapeuta preguntando qué tal estaba y como me sentía, era como volver a los once años y tener a tu mami cerca ese día que te pones con 40º de fiebre pero no tienes miedo porque ella está ahí.

De ahí mi nuevo alter ego “La niña imantada”, un buen mix entre la canción de Love of lesbian y mi súper terapia de imanes. Me gustaba ser la niña de los imanes, sentir todo ese magnetismo en mi interior, el positivo y el negativo haciendo fuerza, notaba la fuerza, la presión y el peso.

Pero desgraciadamente el desequilibrio que yo tenía era general, no solo de mi vagina, así que mi alter ego tendría que haber sido “La niña loca de los imanes”.

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Casi, casi, folio en blanco

Sabes esa sensación de empezar a poner orden en tu vida sentimental, de hacer listas y listas de cosas que quieres cambiar, que no vas a volver a hacer, en las que no vas a caer otra vez, listas con tachones, con borrones y alguna que otra pincelada de típex. Listas de lo que has aprendido en este tiempo, de los hombres maravillosos que has conocido y algunos, los que menos, que no han sido tan maravillosos pero que ahí están, en el puto folio… ese folio que mide 21 cm de ancho x 50 km de largo.

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¿Qué quiere decir tener un folio en blanco? Pues es tener vía libre, poder ofrecer algo nuevo a alguien nuevo, algo puro, limpio. Estar desintoxicada, poder ser mejor y dar lo mejor, querer ofrecer y que te ofrezcan sin miedo a no sentir el equilibrio. Sin rencor, con las cosas resueltas, sin arrastrarse por la vida y sin hacerme, ni hacer daño a nadie. Eso es para mi UN FOLIO EN BLANCO. Y es así; repasando mi folio de vida amorosa me sorprendo con  la grata sensación de empezar a entender aquello que te repetían viejos  amigos de disfrutar la soledad y vivir de forma serena y equilibrada. Y  eso creo que es el principio, porque para conseguir un folio en blanco,  primero debo estar bien yo conmigo misma y sentir el equilibrio en mi, si no, vamos mal.

 

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Escanear_13Empiezo a no tener ganas de perder el tiempo, y con ello no quiere decir que me vuelva loca por estar con alguien, al contrario, estoy tan bien soltera que ahora me lo pienso dos veces antes de lanzarme a conocer a alguien, mucho va a tener que valer la penaEscanear_21

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He cruzado el charco

Esta mañana he tenido que cambiar mis botas de Soltera con Botas por unas botas de agua porque a las 10 hora local he cruzado el charco dando un paso largo.

Me hace mucha ilusión compartir con todos vosotros mi primera publicación en Perro Crónico, una interesante publicación digital de Taller Iberoamericano de Nueva Narrativa en alianza con el Subsistema de periodismo de la Ibero con sede en la Ciudad de México.

“Mediante sus artículos promueve la inclusión social y cultural, la equidad de género, la no discriminación, la libertad de expresión, la igualdad de las personas, el diálogo democrático, la reparación del tejido social y la expresión creativa y artística de los individuos y sociedades.

Apuesta por la práctica periodística con base en los principios de imparcialidad, objetividad, transparencia, responsabilidad y honestidad. Impulsa la investigación y fomenta la creación de conocimiento, contribuye al desarrollo cultural y organiza actividades, cursos, seminarios y pláticas.”

Me conocieron a través de mi blog y contactaron conmigo porque quería publicar uno de mis posts, concretamente el de mi viaje a Japón donde hago un repaso de las 10 cosas que se deben hacer si se viaja a este increíble país lleno de contradicciones.

Aquí os dejo el enlace por si le queréis echar un vistazo.

perrocronico.com/author/nurialopezmora/

He de dar las gracias a Sergio Rodríguez Blanco, director editorial de Perro Crónico por arriesgarse a publicar mis locuras irreverentes sin vergüenza y por darme la oportunidad de asomar la nariz al otro lado del charco y un “GRACIAS” muy especial para Sara Barragán del Rey, editora de Perro Cronico y una muy buena amiga que confió en mi trabajo y apostó por mí.

Es un orgullo poder haber podido participar con vosotros y estar entre gente tan interesante y profesional.

¡GRACIAS!

 

 

 

 

El sexo está sobrevalorado

 

Con mis desarreglos vaginales una de las cosas que desde el principio empieza a restar es el sexo. Las razones son obvias, entre el mal olor de las primeras semanas al detectar la infección, las molestias como el ardor o los picores de después, el no saber durante los primeros meses qué es lo que tenía y si era o no era contagioso… Todo un cúmulo de detalles que te van relegando al mundo de las “solteronas”.

Paso de ser una mujer que disfruto del sexo a ser una mujer que lo teme.

Entre los óvulos, aplicados cada pocas semanas, el mal humor que tengo por las molestias y el desánimo general, ni puedo ni quiero, directamente dejo de mirar a los hombres a los ojos porque ya ni me interesa jugar, mi mirada es unidireccional, directa a mi vagina, el amor de mi vida en estos momentos.

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Y eso es así, el sexo aplicado a la soltería es muy divertido si lo tienes, pero también distrae y ocupa mucho espacio en tu pequeño mundo, noto cómo al dejar el sexo y con ello batallitas varias con hombres varios, mi mente se despeja y deja lugar a otros temas más interesantes para mi en ese momento, como “yo misma”, “mi salud” o “mi bienestar”.Escanear_16

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Vaginosis bacteriana, ¿Dígame?

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Todo empieza con unos ardores, un fuerte olor y un flujo espeso y de extraño color.

Varias visitas a diferentes ginecólogos me ayudan a adivinar que le pasa a mi vagina, no es fácil descubrirlo, todos hablan mucho pero no concretan y sobre todo, la mayoría te juzga y te hace preguntas raras y claro; sacan conclusiones muy profesionales como esta (basada en hechos reales).

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-¿Tiene pareja estable?

-NO.

-¿Su última relación estable?

-Hace casi tres años.

-Esto le pasa por ir picando chicos por ahí.

Y no me quejo de la seguridad social, pero a algunos médicos tendrían que echarlos de patitas a la calle por poco profesionales, en la privada tampoco son muy amables. Sacarme 300 € por una consulta y algunas pruebas de urgencia para luego pasarme los resultados con un frío mail y ni llamarme siquiera es de ladrones sin corazón. Creo que la llamada y la humanidad iban dentro del precio, ¿no?

Joder, yo solo necesito a un profesional que me escuche sin juzgarme y que me diga que todo se va a arreglar, que no me preocupe porque es algo normal que pasa a muchas mujeres y que hay muchas razones para haber contraido la bacteria, no solo la de ir picoteando…

 

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Todo tipo de artefactos de tortura china han tenido la oportunidad de acceder al agujero más salvaje e inquietante de mi cuerpo, distintas formas, colores, tamaños y efectos secundarios. Creo que los ginecólogos lo pasan bien experimentando con mi vagina, ninguno de ellos me acaba de hablar claro, o no saben lo que tengo o no le dan importancia. Voy saltando de uno a otro probando métodos, haciendo pruebas. Algunas me dan miedo, ¿y si hay algo más?… empiezo a arrepentirme de muchas cosas; empiezo a sentirme culpable.

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Escanear_2Los óvulos se ponen de noche, como los de las cándidas y trabajan mientras duermes, y durante el día siguiente vas sintiendo como una pasta blanca asquerosa, baja y moja tus braguitas. es toda una experiencia. Te sientes insegura, estás irritable e hipersensible, crees que todos saben lo que te pasa y te juzgan.

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Otros óvulos son tan fuertes que no puedes beber durante la toma, cosa que a mí me afecta… pero claro, a mi vagina le afecta más, así que me paso 10 largos días sin probar el alcohol y aguanto como una jabata. ¡Todo por la causa! Como el alcohol, hay alimentos que afectan más o menos a la bacteria, como por ejemplo el azúcar, así que dejo de comer croissants de chocolate una temporadita…

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Hay artefactos de tortura que seguro que están diseñados por hombres y además de rebajarte a la altura de una insignificante hormiga a nivel moral y anímico, funcionan haciendo un daño del demonio.

En vez de poblar mi flora vaginal, la matan. A la mierda bacterias malas y buenas (llamadas con este divertido nombre fácil de olvidar: lactobacilos); así que mi agujerito es como una cueva desolada sin ningún tipo de puerta con llave que impida que entre ahí lo que le venga en gana y me destroce a lo Godzilla.

 

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En definitiva, esto acaba de empezar y ya no puedo más, entre pruebas, tratamientos inútiles y mi estado general de mierda, pasan los meses y “LA COSA”, sigue en mí y parece que ha venido para quedarse una larga temporada.

En conclusión, la vaginosis bacteriana es una infección jodida de hacer desaparecer, un desequilibrio del PH de tu vagina que además desequilibra tu vida.

Cada cuerpo es un mundo y no todos los tratamientos funcionan igual. El mío parece ser de armas tomar, algunos parecen calmar al bicho durante días, pero vuelve a reaparecer, otros métodos solo hacen que empeore “LA COSA” y eso creo una frustración incontrolable, mucha mala leche y desesperación general que claro, te hace estar insoportable con todo el mundo y eso es lo peor porque se convierte en una rueda infinita de dolor, si no estás bien anímicamente, tu cuerpo lo nota y lo refleja en tu punto débil, en este caso concreto… mi vagina.

Así que solo me queda compartirlo para deciros que no estáis solas, que somos un 14% de las mujeres que la sufrimos en silencio y que hablar de ello ayuda.

Ánimo y sobre todo, actitud positiva para enfrentarse a ella, que la tía es muy lista y se aferra a tu tristeza cosa mala.

Para más información sobre infecciones vaginales podéis consultar estas webs:

https://elpais.com/elpais/2017/05/17/buenavida/1495031788_297683.html

https://www.plannedparenthood.org/es/temas-de-salud/salud-y-bienestar/vaginitis/que-es-la-vaginosis-bacteriana

http://www.cuidateplus.com/enfermedades/ginecologicas/vaginosis-bacteriana.html

 

 

 

 

Yo viví un amor romántico

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TE DEJO IR, ADIÓS.

Me ha dejado y me siento ligera como una pluma.

Esperaba que lo hicieras pero no sabía cuánto ibas a tardar. Desprenderte oficialmente de mí a nivel terrenal. El día que me liberaste sentí una mezcla de rabia y alivio al mismo tiempo. Rabia porque no llevo bien no tener la última palabra y alivio porque por fin podía empezar a soñar con una nueva vida sin esperarte.

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Aun así me encantó vivirlo, no lo borraría por nada en el mundo de mi vida y estoy contenta de haber tenido lo que siempre deseé desde muy pequeña, vivir un amor imposible, un amor como los de Bécquer y sus ojos verdes, un amor como el que describía Rosalía de Castro en sus versos ardientes y que yo leía en voz alta en clase; esa clase de literatura tan maravillosa que me dio tanto… o aquellas películas míticas que me hacían estremecer soñando ser la protagonista. “Cumbres borrascosas”, “Leyendas de pasión” o “Los puentes de Madison”.

Ni yo misma en ese momento, con apenas 14 años sabía lo que era el amor, el desamor, el amor romántico. Apenas me fijaba en los chicos, es más no me interesaban para nada, prefería tener un romance ficticio en mi imaginación porque de esa manera lo podía idealizar y disfrutarlo sin compartirlo con nadie, tenía tantas ganas de vivirlo, de ser partícipe, de entregarme por completo. Tantas ganas. Quizás ese hubiese sido nuestro momento, a los 14, a los 20…pero no coincidimo en espacio tiempo y la cosa llegó más tarde y en forma de vendaval, a lo caballo desbocado, haciendo oda a la noche eterna. Llegó en un momento un poco más estigmatizado para los dos.

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Si. Yo soy así, me gusta disfrutar de lo bueno y de lo malo, y me diréis que vivir algo como lo que he vivido no es MUY NORMAL y menos desearlo con tanto ahínco, pero mira… cada personita tiene sus fantasías y una de las mías era esa y no lo descubrí hasta que me vi en medio de un huracán de amor, locura y desenfreno, entonces me di cuenta de que sin quererlo, estaba viviendo lo que toda mi adolescencia deseé.

Y ahora miro atrás y puedo decir que no añoro la incertidumbre, no añoro el miedo a ser descubierta, no echo de menos los silencios involuntarios, la soledad y el no ser comprendida. La ansiedad de no saber de ti, de no saber si estás bien, si quiera si estás vivo o muerto. La angustia de no poder dar todo lo que tenía en mi corazón, todo ese amor desperdiciado durante días convertidos en meses y años que me iba amargando y arrugando el órgano más delicado.

Tampoco añoro el romanticismo de tus cartas, ni las canciones melancólicas, ya no espero tus mensajes secretos ni provoco reencuentros en nuestro bar preferido o en algún concierto lleno de vasos en el suelo. Ya no sueño con tus ojos mirándome profundamente ni anhelo tu cuerpo y el mío en horizontal.

Ya no.

Ya puedo decir Adiós a mi amor romántico.

Adiós, noche eterna.

Siempre estarás conmigo pero ahora guardado en una preciosa caja de cristal tallada finamente y con detalles de oro. Como Blancanieves o como la Bella Durmiente pero sin esperar ese beso que vuelva a despertarlas. Me quedo con la sabiduría de lo que he aprendido y lo que me ha aportado esta aventura intergaláctica, lo bueno y lo malo y sobre todo, agradezco todo lo que me distes y di a  pesar del dolor y sufrimiento que viví. Así que gracias por ser la otra parte de esta locura, de esta otra vida en un mundo paralelo donde los relojes van a otro ritmo, gracias al viaje a un agujero negro sin rumbo fijo.

Aquí pongo punto final para siempre.

.- -.. .. — …

Cuchillada trapera

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Era tu día y yo andaba distraída o como pelar un aguacate sin atravesarte la mano.

Pues nada, esos días en los que tu cabeza anda perdida, divagando en pensamientos varios y no deja ver más allá de tu nebulosa boreal de mierda.

Consejo: no cocines, no manipules cuchillos y no peles aguacates si no vas a estar concentrada en ello.

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Qué coincidencia, cortarme justo en el cruce entre la línea de la cabeza y la del destino y todo en plena luna llena y la mano derecha.

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Justo en la línea de la cabeza…

¿En qué estaría yo pensando?

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Grácias por venir a atarme los cordones en mi primer día de claqué.

(Esas excusas románticas que buscas para seguir viéndole o como automutilarte tus extremidades y tú corazón)

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Poco a poco, la noche eterna sale de mi ser para darme la paz.

 

 

Pues parece que el yoga mola

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Mira que me he metido con los yoguis, la que más… que si dónde van vestidos con esos horribles pantalones cagaos y esas mallas ceñidísimas, con sus esterillas que parece que se vayan de camping, que si esa secta sudorosa, con su termo de té verde limpia toxinas… BUF!!!!

Nunca, y digo, nunca, de verdad pensaba que algún día hablaría sobre esto… y sería para rendirme ante el yoga y pedir perdón por mis blasfemias cada vez que pasaba por el parque de la Ciutadella y veía a alguien haciendo la pose de la grulla o del perro mojado.

No me gusta el deporte, no me gusta ir al gimnasio, no me gusta ponerme chandal ni camisetas con logos enormes en el pecho, odio todo lo que tenga que ver con el sudar gratuito, vaya… que no corro ni para coger el autobús. Y lo que menos me gusta es que alguien como por ejemplo mi ex novio (en su momento novio) me dijera que me iría muuuuuy bien hacer yogaaaaaaaa! Motivo absoluto para pasar del tema para siempre.

Todo empezó cuando Judit dijo que estaba sacándose el título de profe de yoga y necesitaba hacer clases para practicar, me dijo que probara solo una clase, que la primera me la hacía gratis y se venía a mi casa a dármela en plan particular. Así que claro, no pude escapar y acepté pensando que solo sería un día y que le hacía un favor a la pobre Ju.

Cuando empezó a explicarme de qué iba el tema me asusté y pensé: “¿dónde me he metido?”, con los saludos al sol, la proyección en ti, los “namastés” con las manos en plan plegaria…buuuuuf!… me reía por dentro pensando en cuándo se lo contaría los colegas con una birra en la mano.

Pero al contrario, esa primera clase me dejó buen sabor de boca, sentí que mi cuerpo trabajaba y lo hacía correctamente, que igual que permanecía activo, podía descansar y relajarse como nunca. Sentí que desconectaba por un par de horas y me sentó tan, tan  bien que me sentí llena y vacía a la vez, tan completamente equilibrada que deseé hacer otra, y otra, y otra clase más.

La verdad es que no soy una chaquetera ¿vale?, pero el yoga me ha sorprendido gratamente. Y aunque soy un poco rencorosa, sé perdonar y ceder.

Vale, me gusta el yogaaaaaaaaaaaa. Ya está, ya lo he dicho!

Pero que conste que me gusta porque mi profe es un cielo y ha conseguido domarme como nadie y sobre todo todo, me gusta porque lo he decidido hacer yo y en el momento que a mi me ha apetecido, no porque nadie me dijera que debía hacerlo, que me podría ir bien o que era lo mejor para mi.